Podríamos empezar este ensayo revisando algunas definiciones de creatividad tales como: “capacidad de producir respuestas originales a cualquier problema” o “Proceso intelectual caracterizado por la originalidad, el espíritu de adaptación y la posibilidad de hacer realizaciones concretas” sin embargo encontraríamos la primera contradicción: no seríamos creativos para definir este concepto.
Los seres humanos nacemos siendo creativos, pero es con el paso de los años que aprendemos lo que “debemos aprender” y dejamos de largo pensamientos alternativos para encajar en el estereotipo de individuo que requiere nuestra sociedad. Con los años desarrollamos el “miedo” a crear, a ser inventivos y a romper esquemas, olvidamos como pensar alternativamente. Nos convertimos en el “deber ser” para dejar de largo el “poder ser.” Muchas veces nos sorprende la capacidad de los niños de resolver problemas, sin embargo no significa que sea porque a esa edad piensen mejor, sino que al no tener una respuesta a todo (como lo somos cuando crecemos) el niño busca posibilidades en campos que nosotros ya no exploramos.
La pregunta es lógica ¿Porqué ya no pensamos alternativamente? El ser humano es curioso por naturaleza y ha creado respuestas para casi todo lo que ve, con el paso del tiempo en vez de buscar nuevas definiciones o respuestas nos conformamos con las existentes ¡Qué horrible sería nuestro mundo actual si un creativo no hubiera cuestionado que la Tierra no era plana! Debemos comprender que el pensamiento nos permite “crear” y no sólo “digerir.”
Casi siempre emparentamos a la creatividad con procesos artísticos o de diseño, sin embargo todas las profesiones y oficios dependen de esto; un abogado que no es creativo no sabrá como defender adecuadamente a un cliente al que le cerraron lo que parecía ser la “salida lógica.” Del mismo modo un historiador no podría relatarnos lo que ha sucedido en civilizaciones pasadas si no tiene la capacidad de imaginar lo que pasó, ¡Imagínense la creatividad que se necesitó para describir al primer dinosaurio encontrado!
En el Diseño Gráfico nos topamos con la misma problemática que, lamentablemente, frena muchos procesos de pensamiento para encasillarlos en lo que vemos que otros “creativos” hacen o bien, lo que nos permiten las herramientas que encontramos en los programas de Diseño. Tenemos como gremio la costumbre de conformarnos con los estilos existentes y recrear elementos de diseño que encajen dentro de alguno de los mismos, tendemos a respetar los estilos casi como respetamos a nuestra propia madre, existe el pensamiento casi como la ley de cualquier diseñador de que “todo lo inventable ya se inventó” y con base a esto no nos atrevemos a ver más allá.
Debemos estar concientes de que la creatividad no es un ente que baja junto a la inspiración divina, es una habilidad que debemos desarrollar día a día. Tendemos a pensar que es difícil crear de la nada, lo cual es bastante correcto, sin embargo tenemos tantos elementos a nuestro alrededor que pasamos por alto. Creemos que aquello que la lógica no una, nada lo une. Para desarrollar adecuadamente esta habilidad es indispensable comportarnos como un niño lo haría, pensar que es la primera vez que vemos el mundo que nos rodea; ¿Hace cuánto que no nos detenemos a observar la textura de un árbol? ¿Desde cuándo no vemos lo ojos de un gato? ¿Las ondas del agua? ¿Las patas de un insecto? Elementos tan simples como eso nos permite regenerar la curiosidad que a los niños les sobra.
Observar nos abre paso a la siguiente fase para desarrollar la creatividad: el análisis. Comúnmente si tenemos una duda sobre algo corremos instintivamente a un diccionario o enciclopedia ya que tenemos la certeza de que nos resolverá lo que necesitemos ¿Cuánto tiempo dedicamos a saborear una duda? Es increíble imaginar todas las respuestas que podrían surgir en nuestro cerebro al no tener una respuesta estipulada, si yo digo la palabra “colodrillo” pueden surgir mil y un respuestas, y antes de buscarla invitaría a imaginar que puede ser: tiene nombre de un animalito extraño, ¿Cómo sería? ¿Qué comería? ¿Será el nombre de un pueblito antiguo? ¿El apodo de un niño? ¿Una piedra preciosa? Este resulta un ejercicio interesante que pone a trabajar nuestra capacidad de análisis, hay que recordar que la curiosidad mató al gato, pero creó al humano.
Si logramos desarrollar estos dos primeros puntos podremos dar paso al proceso creativo. Seremos capaces de tomar el elemento que queramos y sacarlo una y otra vez de su contexto lógico para situarlo donde nos plazca. Podremos manipular formas, colores y texturas como queramos, podrán darnos un problema de comunicación y manipularlo hasta resolverlo de alguna manera que no se nos hubiera ocurrido en primera instancia.
El proceso creativo puede llegar hasta donde queramos, no posee límites pero hay que saber mediar entre la creatividad y la resolución de problemas: podríamos decir que para acabar con la pobreza sembráramos monedas de oro para que crecieran árboles de dinero, aunque sabemos que en un contexto real esta solución no cabe. No todo es creatividad, pero el humano subsiste de ella, como todo en la vida requerimos de una mediación que, si somos capaces de encontrarla, entonces seremos más que diseñadores, seremos verdaderos creadores de diseño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario